Bible in a Year
“Truly, truly, I say to you, whoever believes in me will also do the works that I do; and greater works than these will he do, because I am going to the Father. Whatever you ask in my name, this I will do, that the Father may be glorified in the Son. If you ask me anything in my name, I will do it.”John 14:12-14 ESV“Truly, truly, I say to you, whoever believes in me will also do the works that I do; and greater works than these will he do, because I am going to the Father. Whatever you ask in my name, this I will do, that the Father may be glorified in the Son. If you ask me anything in my name, I will do it.”John 14:12-14 ESV

Day 214 / 365

Proverbios 30–31 · Eclesiastés 1–2

Proverbios 30–31

1PALABRAS de Agur, hijo de Jachê: La profecía que dijo el varón á Ithiel, á Ithiel y á Ucal.

2Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre.

3Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la ciencia del Santo.

4¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿quién encerró los vientos en sus puños? ¿quién ató las aguas en un paño? ¿quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?

5Toda palabra de Dios es limpia; es escudo á los que en él esperan.

6No añadas á sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso.

7Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera.

8Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester;

9No sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? ó no sea que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.

10No acuses al siervo ante su señor, porque no te maldiga, y peques.

11Hay generación que maldice á su padre, y á su madre no bendice.

12Hay generación limpia en su opinión, si bien no se ha limpiado su inmundicia.

13Hay generación cuyos ojos son altivos, y cuyos párpados son alzados.

14Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar á los pobres de la tierra, y de entre los hombres á los menesterosos.

15La sanguijuela tiene dos hijas que se llaman, Trae, trae. Tres cosas hay que nunca se hartan; aun la cuarta nunca dice, Basta:

16El sepulcro, y la matriz estéril, la tierra no harta de aguas, y el fuego que jamás dice, Basta.

17El ojo que escarnece á su padre, y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos lo saquen de la arroyada, y tráguenlo los hijos del águila.

18Tres cosas me son ocultas; aun tampoco sé la cuarta:

19El rastro del águila en el aire; el rastro de la culebra sobre la peña; el rastro de la nave en medio de la mar; y el rastro del hombre en la moza.

20Tal es el rastro de la mujer adúltera: come, y limpia su boca, y dice: No he hecho maldad.

21Por tres cosas se alborota la tierra, y la cuarta no puede sufrir:

22Por el siervo cuando reinare; y por el necio cuando se hartare de pan;

23Por la aborrecida cuando se casare; y por la sierva cuando heredare á su señora.

24Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios:

25Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida;

26Los conejos, pueblo nada esforzado, y ponen su casa en la piedra;

27Las langostas, no tienen rey, y salen todas acuadrilladas;

28La araña, ase con las manos, y está en palacios de rey.

29Tres cosas hay de hermoso andar, y la cuarta pasea muy bien:

30El león, fuerte entre todos los animales, que no torna atrás por nadie;

31El lebrel ceñido de lomos; asimismo el macho cabrío; y un rey contra el cual ninguno se levanta.

32Si caiste, fué porque te enalteciste; y si mal pensaste, pon el dedo sobre la boca.

33Ciertamente el que exprime la leche, sacará manteca; y el que recio se suena las narices, sacará sangre: y el que provoca la ira, causará contienda.

1PALABRAS del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.

2¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿y qué, hijo de mis deseos?

3No des á las mujeres tu fuerza, ni tus caminos á lo que es para destruir los reyes.

4No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza.

5No sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos.

6Dad la cerveza al desfallecido, y el vino á los de amargo ánimo:

7Beban, y olvídense de su necesidad, y de su miseria no más se acuerden.

8Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte.

9Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso.

10Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente á la de piedras preciosas.

11El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo.

12Darále ella bien y no mal, todos los días de su vida.

13Buscó lana y lino, y con voluntad labró de sus manos.

14Fué como navío de mercader: trae su pan de lejos.

15Levantóse aun de noche, y dió comida á su familia, y ración á sus criadas.

16Consideró la heredad, y compróla; y plantó viña del fruto de sus manos.

17Ciñó sus lomos de fortaleza, y esforzó sus brazos.

18Gustó que era buena su granjería: su candela no se apagó de noche.

19Aplicó sus manos al huso, y sus manos tomaron la rueca.

20Alargó su mano al pobre, y extendió sus manos al menesteroso.

21No tendrá temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles.

22Ella se hizo tapices; de lino fino y púrpura es su vestido.

23Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.

24Hizo telas, y vendió; y dió cintas al mercader.

25Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá.

26Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua.

27Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde.

28Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó.

29Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste á todas.

30Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme á Jehová, ésa será alabada.

31Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.

Eclesiastés 1–2

1PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.

2Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad.

3¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

4Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece.

5Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve á su lugar donde torna á nacer.

6El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y á sus giros torna el viento de nuevo.

7Los ríos todos van á la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo.

8Todas las cosas andan en trabajo más que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.

9¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.

10¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fué en los siglos que nos han precedido.

11No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

12Yo el Predicador fuí rey sobre Israel en Jerusalem.

13Y dí mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dió Dios á los hijos de los hombres, en que se ocupen.

14Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

15Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse.

16Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y ciencia.

17Y dí mi corazón á conocer la sabiduría, y también á entender las locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu.

18Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

1DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

2A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

3Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

4Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas;

5Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos;

6Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían.

7Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem;

8Alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes.

9Y fuí engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: á más de esto perseveró conmigo mi sabiduría.

10No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena.

11Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.

12Después torné yo á mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre hay que pueda seguir al rey en lo que ya hicieron?)

13Y he visto que la sabiduría sobrepuja á la necedad, como la luz á las tinieblas.

14El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro.

15Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también á mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.

16Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.

17Aborrecí por tanto la vida; porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

18Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí.

19¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

20Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.

21¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda á hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.

22Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara?

23Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

24No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios.

25Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?

26Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría y ciencia y gozo: mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada á Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

"Fuimos creados por Dios y para Dios; hasta que lo entendamos, la vida nunca tendrá sentido."

Rick Warren

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