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Salmos 135–137
Salmos 135–137
1ALABAD el nombre de Jehová; alabadle, siervos de Jehová;
2Los que estáis en la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
3Alabad á JAH, porque es bueno Jehová: cantad salmos á su nombre, porque es suave.
4Porque JAH ha escogido á Jacob para sí, á Israel por posesión suya.
5Porque yo se que Jehová es grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
6Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos.
7El hace subir las nubes del cabo de la tierra; él hizo los relámpagos para la lluvia; él saca los vientos de sus tesoros.
8El es el que hirió los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
9Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón, y sobre todos sus siervos.
10El que hirió muchas gentes, y mató reyes poderosos:
11A Sehón rey Amorrheo, y á Og rey de Basán, y á todos los reinos de Canaán.
12Y dió la tierra de ellos en heredad, en heredad á Israel su pueblo.
13Oh Jehová, eterno es tu nombre; tu memoria, oh Jehová para generación y generación.
14Porque juzgará Jehová su pueblo, y arrepentiráse sobre sus siervos.
15Los ídolos de las gentes son plata y oro, obra de manos de hombres.
16Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven;
17Tienen orejas, y no oyen; tampoco hay espíritu en sus bocas.
18Como ellos son los que los hacen; todos los que en ellos confían.
19Casa de Israel, bendecid á Jehová: casa de Aarón, bendecid á Jehová:
20Casa de Leví, bendecid á Jehová: los que teméis á Jehová, bendecid á Jehová.
21Bendito de Sión Jehová, que mora en Jerusalem. Aleluya.
1ALABAD á Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.
2Alabad al Dios de los dioses, porque para siempre es su misericordia.
3Alabad al Señor de los señores, porque para siempre es su misericordia.
4Al solo que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia.
5Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre es su misericordia.
6Al que tendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia;
7Al que hizo las grandes luminarias, porque para siempre es su misericordia;
8El sol para que dominase en el día, porque para siempre es su misericordia;
9La luna y las estrellas para que dominasen en la noche, porque para siempre es su misericordia.
10Al que hirió á Egipto en sus primogénitos, porque para siempre es su misericordia.
11Al que sacó á Israel de en medio de ellos, porque para siempre es su misericordia;
12Con mano fuerte, y brazo extendido, porque para siempre es su misericordia.
13Al que dividió el mar Bermejo en partes, porque para siempre es su misericordia;
14E hizo pasar á Israel por medio de él, porque para siempre es su misericordia;
15Y arrojó á Faraón y á su ejército en el mar Bermejo, porque para siempre es su misericordia.
16Al que pastoreó á su pueblo por el desierto, porque para siempre es su misericordia.
17Al que hirió grandes reyes, porque para siempre es su misericordia;
18Y mató reyes poderosos, porque para siempre es su misericordia;
19A Sehón rey Amorrheo, porque para siempre es su misericordia;
20Y á Og rey de Basán, porque para siempre es su misericordia;
21Y dió la tierra de ellos en heredad, porque para siempre es su misericordia;
22En heredad á Israel su siervo, porque para siempre es su misericordia.
23El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es su misericordia;
24Y nos rescató de nuestros enemigos, porque para siempre es su misericordia.
25El da mantenimiento á toda carne, porque para siempre es su misericordia.
26Alabad al Dios de los cielos: porque para siempre es su misericordia.
1JUNTO á los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión.
2Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.
3Y los que allí nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo:
4Cantadnos algunos de los himnos de Sión. ¿Cómo cantaremos canción de Jehová en tierra de extraños?
5Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, mi diestra sea olvidada.
6Mi lengua se pegue á mi paladar, si de ti no me acordare; si no ensalzare á Jerusalem como preferente asunto de mi alegría.
7Acuérdate, oh Jehová, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; quienes decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos.
8Hija de Babilonia destruída, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste.
9Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños contra las piedras.
"La gracia no se opone al esfuerzo; se opone al mérito."
— Dallas Willard