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Salmos 27–29
Salmos 27–29
1JEHOVÁ es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?
2Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
3Aunque se asiente campo contra mí, no temerá mi corazón: aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío.
4Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
5Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; ocultaráme en lo reservado de su pabellón; pondráme en alto sobre una roca.
6Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: cantaré y salmearé á Jehová.
7Oye, oh Jehová, mi voz con que á ti clamo; y ten misericordia de mí, respóndeme.
8Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová.
9No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira á tu siervo: mi ayuda has sido; no me dejes y no me desampares, Dios de mi salud.
10Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá.
11Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud, á causa de mis enemigos.
12No me entregues á la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
13Hubiera yo desmayado, si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.
14Aguarda á Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera á Jehová.
1Salmo de David. A TI clamaré, oh Jehová, fortaleza mía: no te desentiendas de mí; porque no sea yo, dejándome tú, semejante á los que descienden al sepulcro.
2Oye la voz de mis ruegos cuando clamo á ti, cuando alzo mis manos hacia el templo de tu santidad.
3No me arrebates á una con los malos, y con los que hacen iniquidad: los cuales hablan paz con sus prójimos, y la maldad está en su corazón.
4Dales conforme á su obra, y conforme á la malicia de sus hechos: dales conforme á la obra de sus manos, dales su paga.
5Porque no atendieron á las obras de Jehová, ni al hecho de sus manos, derribarálos, y no los edificará.
6Bendito Jehová, que oyó la voz de mis ruegos.
7Jehová es mi fortaleza y mi escudo: en él esperó mi corazón, y fuí ayudado; por lo que se gozó mi corazón, y con mi canción le alabaré.
8Jehová es su fuerza, y la fortaleza de las saludes de su ungido.
9Salva á tu pueblo, y bendice á tu heredad; y pastoréalos y ensálzalos para siempre.
1DAD á Jehová, oh hijos de fuertes, dad á Jehová la gloria y la fortaleza.
2Dad á Jehová la gloria debida á su nombre: humillaos á Jehová en el glorioso santuario.
3Voz de Jehová sobre las aguas: hizo tronar el Dios de gloria: Jehová sobre las muchas aguas.
4Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria.
5Voz de Jehová que quebranta los cedros; y quebrantó Jehová los cedros del Líbano.
6E hízolos saltar como becerros; al Líbano y al Sirión como hijos de unicornios.
7Voz de Jehová que derrama llamas de fuego.
8Voz de Jehová que hará temblar el desierto; hará temblar Jehová el desierto de Cades.
9Voz de Jehová que hará estar de parto á las ciervas, y desnudará las breñas: y en su templo todos los suyos le dicen gloria.
10Jehová preside en el diluvio, y asentóse Jehová por rey para siempre.
11Jehová dará fortaleza á su pueblo: Jehová bendecirá á su pueblo en paz.
"Lo que viene a nuestra mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros."
— A. W. Tozer